La inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en una herramienta presente en consultas, laboratorios, servicios de diagnóstico y quirófanos. Pero, en el ámbito sanitario, el desafío no consiste únicamente en incorporar tecnología, sino en formar a profesionales capaces de comprenderla, valorar sus límites y utilizarla con criterio clínico, ético y legal.
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